La muerte
ronda en el boxeo mexicano
Publicado
en Proceso
21 de febrero
2010
Lo que se pudo evitar
El drama
del boxeador chiapaneco Geobani Diaz se pudo haber evitado, concluye el
médico
de ringside Enrique López, presente el día en que dejaron inválido al
pugilista, y señala a los responsables: desde los dirigentes del boxeo
hasta
los entrenadores, pasando por los promotores, los árbitros y los
doctores.
López narra a Proceso a lo que se enfrentó cuando noquearon al joven de
20
años, los obstáculos que venció, las decisiones que tuvo que tomar y lo
atormentado que se siente ante el estado de salud de Geobani. "Si no me
vuelven a llamar para una pelea no me importa. Lo que quiero es que no
vuelva a
pasar una desgracia así".
La
ignorancia e irresponsabilidad con que se conducen muchas personas
involucradas
en el boxeo --directivos de organismos, promotores, réferis, médicos y
manejadores-- las ha convertido en cómplices de la desgracia y testigos
que se
sientan en primera fila a contemplar la muerte de jóvenes pugilistas
inexpertos
que, empujados por la necesidad económica, aceptan pelear incluso en la
peores
condiciones.
Así lo
denuncia en entrevista con este semanario el doctor Enrique López,
quien
atendió en el ring al pugilista Geobani El Gavilancito Díaz y se
encargó de su
atención hasta antes de que fuera sometido a una craneotomía. El médico
narra lo
sucedido la noche del 21 de noviembre pasado cuando el boxeador
chiapaneco
estuvo al borde de la muerte después de ser noqueado por Ramón Niño de
Oro
Ayala, un rival que lo superaba en peso, talla y experiencia.
Hasta
ahora, Díaz no habla, no camina, se alimenta por sonda y usa pañal
desechable
como consecuencia de una hemorragia y un edema cerebral (Proceso 1737).
Desesperado por la indefensión en que se encuentran los boxeadores, el
doctor
López asegura que el pugilista pudo haber muerto sobre el ring, ahogado
con su
propia sangre, mientras los tres médicos presentes discutían, sin
ponerse de
acuerdo, la manera de atenderlo.
"Tuve
una bronca con el doctor del Consejo Mundial de Boxeo (José Luis
Ibarra) porque
lo tenía acostado. Le dije: 'se está ahogando con su propia sangre'. Y
él me
respondió: 'No, aquí mando yo'. Lo aspiré para que no se ahogara. Para
que no
se muriera en ese momento lo volteé y salió un coágulo por la boca. Se
pudo
haber muerto ahi en la misma arena a los 5 o 10 minutos por un edema
cerebral,
hemorragia subaracnoidea, hemorragia cerebral o una hipertensión
intracraneana", cuenta el médico.
Después
de haber recibido la atención médica, El Gavilancito reaccionó. Se puso
de pie.
Brincaba y sacudía los brazos y la cabeza, en tanto que uno de los
doctores quería
subirlo a la camilla; otro insistía en que se bajara por sus propios
medios y
el tercero sólo miraba.
"Casi
me sacan de la arena por decirles que debiamos inmovilizarlo, bajarlo
en camilla
y trasladarlo. Pedi la camilla y el doctor me decía que no. Esperé al
boxeador
abajo y lo obligué a subir a la camilla, pero se volvió a bajar. Estos
muchachos entrenan tanto que a pesar de las condiciones en que estaba,
tenía un
reflejo por bajarse del ring y se puso a brincar. Estuvo mal que
dejáramos que
hiciera eso", dice el doctor López.
En el
vestidor lo auscultó. Le tomó la presión y le aplicó dosis de Manitol,
Dexametasona y Furosemida para controlar la presión intracraneana y la
hinchazón del cerebro. Luego, mientras el doctor López se dirigía a
atender a
otro boxeador, un paramédico le avisó que Geobani Diaz había caído en
paro
cardiorrespiratorio.
Aquella
noche, cuenta López, había una ambulancia extra en el palenque de la
Feria de
Tuxtla Gutiérrez. La que fue contratada por la promotora Boxeo de Gala
ya no
estaba cuando Díaz fue lesionado, porque trasladó al hospital al ex
campeón del
Consejo Mundial de Boxeo (CMB) Edgar Sosa, quien sufrió una fractura en
el
pómulo izquierdo.
"Esa
ambulancia -asegura el médico-se encontraba ahí porque yo la pedí.
Pudimos
trasladar al Gavilán y en el trayecto al hospital le dio un infarto.
Ahí mismo
lo estabilizamos. No me estoy haciendo el héroe, pero tengo una
sensación de
impotencia por tanto muchachito que tiene deseos de ser campeón; tanto
joven
que no sabe a lo que se sube. Por lo menos debería haber un acuerdo
para que en
cuanto pase algo sepamos qué vamos a hacer, quién va a atender al
boxeador, a
dónde hay que trasladarlo para que todo fluya rápido. Antes de ese día,
nunca había
visto tanta urgencia por atender a un boxeador."
Desamparo
Desde
hace más de siete años, Enrique López ha trabajado como médico de
ringside.
Casi siempre lo hace en las funciones que se realizan en San Cristóbal
de las
Casas, pero también en las que se disputan campeonatos mundiales
sancionados
por el CMB.
Aquel 21
de noviembre fue invitado a participar en la función Palenque de
Campeones,
cuya pelea estelar la protagonizaron Edgar Sosa y el filipino Rodel
Mayol. La
razón: no pudo asistir el doctor que trabaja en las veladas boxísticas
que se
realizan en Tuxtla Gutiérrez. A sabiendas de que en las funciones no
hay con
qué atender a los peleadores, López preparó su maletín con las
medicinas que
consideró necesarias.
"Me
encargué de llevar los medicamentos porque sabía lo que podía pasar.
Aquí en
Chiapas a las funciones de box a veces mandan odontólogos, psicólogos,
o al
amigo o al primo de alguien. Si yo no hubiera llevado los medicamentes,
nadie
tiene ni una pastilla; es decir, no hay una cultura médica para atender
a los
pugilistas. Me da tristeza decirlo, pero así es.
"Ese
día teníamos que estar preparados. Nunca creyeron que era tan grave el
asunto
ni que iba a pasar esto. Los promotores deben proporcionar los
medicamentos y
decirnos a qué hospital acudiremos. Ignoro por qué no contratan un
seguro
médico", explica el doctor López. Añade que el presidente de la
Comisión
de Box de Tuxtla Gutiérrez, Neftali Castillo, se rehusó a reembolsarle
los 5
mil pesos que cuestan las medicinas que usó, porque "no hay dinero".
La
atención para Geobani fue un verdadero calvario, asegura el doctor
López y
añade que gracias a sus compañeros urgenciólogos del Hospital Regional
el
boxeador fue intubado y estabilizado. Luego lo llevaron a un
laboratorio
privado para hacerle una tomografía. Dice que para pagar el estudio
tuvo que
dejar su teléfono celular en prenda.
Con los
resultados en la mano trasladaron al Gavilancito al Hospital Militar,
en donde
le practicaron una craneotomía descompresiva. El cirujano quitó del
lado
izquierdo un pedazo de cráneo de aproximadamente 10 centímetros.
"El
doctor Fausto García (director de la promotora Boxeo de Gala) y José
Sulaimán
(presidente del CMB) me llaman para preguntar sobre la evolución del
paciente.
Ya no tengo nada que ver en el asunto y no quiero que me sigan
hablando. Me
piden que haga un reporte, e incluso que no hable más de la cuenta.
"El
comisionado en turno es juez y parte; lo mismo cobra las entradas que
da los
resultados. Acepté esta entrevista porque no quiero que vuelva a pasar
lo
mismo. Después de decir esto a lo mejor ya ni me van a llamar, pero no
me
importa, mientras mi conciencia esté tranquila", sentencia.
El
doctor López denuncia que en el boxeo no existe una cultura de la
prevención
para evitar que los pugilistas queden en condiciones tan lamentables
que no
puedan ni siquiera valerse por sí mismos, o que pierdan la vida.
Reconoce
que debieron haber parado la pelea entre el Gavilancito y el Niño de
Oro, desde
que el primero comenzó a sangrar de forma profusa por la nariz; sin
embargo, ni
el réferi Jesús Arias ni los tres médicos que estaban presentes lo
hicieron.
"Además
del golpe (el izquierdazo que Ayala le propinó) y la caída (se golpeó
brutalmente contra la lona cuando cayó desmadejado), los daños fueron
causados
por una fractura de nariz. Esta se fue hacia adentro de la cara y los
huesos le
provocaron una lesión cerebral. Desde el inicio del cuarto round hubo
un golpe
que ocasionó un sangrado nasal incontrolable. En ese momento debimos
parar la
pelea, pero no lo hicimos", lamenta.
El
doctor López comenta que el réferi puertorriqueño Roberto Ramírez Jr.,
quien
estuvo en la pelea Sosa-Mayol, lo mandó llamar para decirle: "Yo soy el
único que manda aquí, soy el único que va a parar la pelea". Añade que
cuando cayó noqueado el Gavilancito, todavía se dio el lujo de regañar
a los
médicos por haber invadido el cuadrilátero sin su permiso. "Dijo que no
debimos haber subido, que en su peleas no volviéramos a subimos al
ring".
--¿La
máxima autoridad en el ring debería ser un médico capacitado que le
diga al
réferi cuándo hay que detener un combate? -se le pregunta al doctor
López.
--Todos deberíamos
tener esa capacidad. Ahí está el caso de Sosa que fue víctima de un
médico y de
un réferi que no ven. Desde el momento en que Mayol le dio el cabezazo,
Sosa se
dolió; incluso movió la cabeza, pero lo revisó el doctor (José Luis
Ibarra) y
lo dejó seguir. Yo vi cuando le dieron el golpe que le fracturó el
pómulo
izquierdo y le hice una señal al réferi. No me hizo caso, continuó la
pelea y
el peleador terminó en el quirófano.
"No
podemos decir que todos tenemos errores y somos humanos, porque hay
errores que
marcan la vida y la suerte de un boxeador. Sin embargo, sólo nos
sentamos y
vemos."
Costosa
negligencia
En el
programa Noche de Puños que transmitió el canal TDN (filial de
Televisa) el
pasado 15 de enero, el conductor Eduardo Camarena presentó imágenes del
cuarto
round de la pelea Ayala-Diaz. En el audio se escuchó cómo el
experimentado
exréferi Octavio Meyrán cuestionaba el trabajo de Jesús Arias.
Justo
cuando Meyrán comentaba que el réferi estaba muy lejos de la acción y
que
deberia acercarse "para evitar un golpe que pudiera lastimarlo (a
Díaz)",
llegó el fatídico gancho de izquierda. El doctor Alfonso Morales
apuntó:
"Excelente apreciación de Octavio Meyrán. Fue impactante el golpe que
antecede al derribe. Lo que estabas diciendo, Octavio, más sabe el
diablo por
viejo que por diablo".
"Ese
golpe se pudo haber evitado si el réferi hubiera estado al pendiente de
lo que
estaba sucediendo con los boxeadores. En ese tipo de situaciones es
primero el
boxeador. Hay que notar que por lo lejano que estaba de la acción, el
réferi no
tuvo la oportunidad de evitarle ese daño innecesario al boxeador",
enfatizó Meyrán.
Después
de la derrota por nocaut técnico que en apenas dos rounds sufrió Edgar
Sosa por
el artero cabezazo que le asestó Rodel Mayol, el CMB nombró al mexicano
"campeón mundial emérito" y le dio el privilegio de disputar el título
mundial en la división de su elección, una vez que se recupere de la
triple
fractura que sufrió en el pómulo izquierdo. Esta lesión lo tendrá lejos
de los
encordados entre seis y nueve meses.
En su
encuentro con periodistas de la fuente, el presidente del CMB, José
Sulaimán excusó
tanto al réferi Ramírez como al doctor Ibarra y exaltó el valor de Sosa
para
seguir boxeando a pesar de !a lesión.
"La
triple fractura de Edgar Sosa me ha preocupado muchísimo; sólo él y
unos
cuantos peleadores continuarían en la batalla. Hubo un tremendo
cabezazo, Sosa
cayó a la lona, el réferi lo levantó y lo llevó con el doctor y éste lo
autorizó a seguir", se jactó Sulaimán cinco días después de la pelea.
Algunos
reporteros le dijeron que el réferi no tenía por qué haber levantado de
la lona
a Sosa, quien se retorcía de dolor, y cuestionaron la decisión del
doctor
Ibarra de dejarlo seguir en lugar de parar el combate porque el
boxeador se veía
en malas condiciones.
"Tengo
que respetar la opinión de mis oficiales. Si hay alguna sanción lo
trataremos
en privado. Como les repito, tengo dudas sobre si el cabezazo fue
intencional.
El cabezazo si existió y fue fatal, todos nos dimos cuenta, concluyó
Sulaimán.
--¿Por
qué cerrar los ojos ante algo que todos vieron? --insistió un
periodista.
--No los
cierro. No me echen encima a México.
"Habría
que homologar los criterios para intervenir y parar una pelea porque si
no, va
a seguir habiendo muertos. Es un milagro que Gavilán no se haya muerto,
pero va
a quedar con secuelas", advierte Enrique López.
En su
afán por ayudar, el doctor López habló con el comisionado Neftali
Gordillo
sobre la necesidad de crear una estrategia para ofrecer atención médica
a los
pugilistas. Le explicó que es necesario contar con un equipo
multidisciplinario
que incluya un neurocirujano, un anestesiólogo y un traumatólogo.
También le
explicó que con 15 mil pesos por función quedaría garantizado el
cuidado médico
de los boxeadores. "Me dijo: 'te hablo'. Sigo esperando la llamada",
se queja el doctor.
"El
enojo que tengo es porque pasó eso y siguen haciendo peleas sin las
medidas ni
los médicos adecuados. Un traumatólogo no sabe cuándo parar una pelea,
debe
haber un experto que lo decida. El box es una especialidad punto y
aparte;
aunque seas neurocirujano si no sabes de box no te sirve de nada.
Tienes que
conocer este deporte para que sepas en qué momento debe detenerse una
pelea;
para que sepas si un peleador puede subir o no al ring. No quiero
hablar de
otras negligencias que han pasado, como que una boxeadora peleó
embarazada (Anahi
Centella)".
El
doctor Enrique López, quien ha trabajado en más de 450 peleas
nacionales e
internacionales, dice que desde hace cinco años ha ido a tomar cursos y
se ha
certificado en la Asociación Americana de Profesionales de Ringside
(AAPRP, por
sus siglas en inglés). Desde 1997, este organismo capacita a los
médicos que
trabajan en funciones de box para que sepan cómo atender cualquier
contingencia, sobre todo si hay lesiones por traumatismo. Hasta ahora,
afirma,
es el único mexicano que ha tomado esos cursos.
"Vienen
más peleas a Tuxtla Gutiérrez. ¡Que Dios bendiga al Canelo Alvarez!
(peleará el próximo ó de marzo). Yo no me voy a estar prestando ni
quiero andar
corriendo porque hay personas que no quieren hacer lo que les toca. Los
boxeadores merecen todo mi respeto; ellos están tratando de ganarse un
lugar en la vida porque
vienen de un estrato socioeconómico muy castigado."
Asegura la directora del Deporte en el DF que se integrará una comisión
con todos los médicos para verificar competidores salgan en las mismas
condiciones.
Luego de esta etrevista, vinieron los casos del Timon Marinez, de
Geovani Diaz y de el Vaquero Marco Nazareth fallecido en una
pelea contra Omar Chavez.
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